lunes, 19 de agosto de 2013

BLUE MURDER - Blue Murder, 1989


Tras sus magistrales aportes al "1987" de Whitesnake, John Sykes salía precipitadamente de la banda de David Coverdale. Mucho se ha discutido acerca de las razones de la salida de Sykes, pero lo realmente cierto es que su maestría a la guitarra y su genio compositivo sirvieron, además de para dañar el ego de Coverdale, para que los ejecutivos de Geffen le propusiesen una carrera en solitario, algo que aún prometedor al principio, se convertiría después en desacertado.


Inicialmente Cozy Powell, baterista que había trabajado con Sykes en Whitesnake, y el vocalista Ray Gillen, un tipo que había cantado para Black Sabbath, se convertían en los compañeros de Sykes para su nuevo proyecto con Geffen. 

John Kalodner, ejecutivo de Geffen, decidió finalmente que John Sykes sería también el vocalista de Blue Murder, tras comparar algunas demos de Gillen, al que sustituyó brevemente Tony Martin, también su sustituto en Black Sabbath, con las de Sykes. Cozy Powell era reemplazado por Carmine Appice, uno de los baterías más solventes de la historia del rock, y por el magnífico bajista Tony Franklin, el mismo que había tocado con Jimmy Page, Paul Rodgers y Chris Slade en The Firm. Nik Green aportó trabajo de estudio con el órgano y los sintetizadores.


Aquella fue la formación que grabó el "Blue Murder" que Geffen publicaba en Abril de 1989. La producción de Bob Rock preparaba el álbum de debut de la banda para un éxito que finalmente no llegaría, fundamentalmente por la poca promoción que la discográfica hizo de un disco que realmente mereció mucho más crédito del que le llevó prácticamente a convertirse en un álbum de culto. Un trabajo, el de Rock, que limpiamente permite que todos los instrumentos se escuchen nítidamante, con especial dedicación al personalísimo bajo de Franklin, y por supuesto a las estratosféricas guitarras de Sykes.

"Blue Murder" es un trabajo cargado de poderosísimas guitarras, de auténtico himnos metal y de una, en ocasiones, humeante atmósfera de blues. Contagiosos riffs y melodías que lo convierten en paradigma del rock de estadio merced en cierto modo a temas complejos que no siguen por lo general las típicas estructuras compositivas de sus contemporáneos, mostrando de nuevo a un Sykes henchido de talento.

Una dinámica poderosa y veloz protagonizada por la enérgica guitarra de Sykes, con unos ganchos y riffs a medio camino entre la influencia blues de Led Zeppelin y el rock fantasioso cortesía de un Sykes a menudo experimental en territorios progresivos.


Sykes demuestra en "Blue Murder" lo que había dejado adivinar en Thin Lizzy y lo que había mostrado en Whitesnake. Su rapídisma y enérgica manera de tocar la guitarra se mantiene e incluso se supera en este álbum, pero es que además alcanza y consolida madurez compositiva y se aventura en terrenos que parecían vedados para la mayoría de las bandas de su generación. Sykes remata su aporte estelar a "Blue Murder" con una sorprendente interpretación vocal, con la que se demostró a si mismo que era un muy aceptable vocalista.

Tony Franklin es realmente un bajista innovador, y en "Blue Murder" toca sin duda algunas de las partes más intrincadas del álbum, mostrando algo de ese psicodélico trabajo que bordó en The Firm. El agresivo estilo de la vieja escuela de Carmine Appice y su potencia controlada casaron perfectamente con aquellas líneas de bajo en soporte de los vericuetos compositivos e interpretativos de John Sykes.

"Blue Murder" abre con "Riot", un tema que desde el inicio muestra el talento de los tres protagonistas del álbum. Un excelente trabajo vocal de Sykes y por supuesto una demoledora interpretación de guitarra adornada sin duda por el fabuloso y orquestado teclado de Nik Green.

Aparecen luego evidentes paralelismos con el trabajo que Sykes había hecho en el "Slide It In" de Whitesnake con "Sex Child", un tema a medio camino entre el sleazy y el funky de nuevo con un Sykes estelar.

Los ocho épicos minutos de "Valley Of The Kings" muestran las habilidades interpretativas del trío. Puentes brillantes y poderosa salida en la que brillan el ritmo sostenido de Appice y la sincronización de Franklin con Sykes en medio de un fuerte aroma a Led Zeppelin.

"Jerry Roll" muestra una clara ascendencia blues y una excelente factura acústica, al tiempo que "Blue Murder" se convierte en eje central del álbum en base al poderoso sonido metal que definió la década de los 80. Su simple comienzo de guitarra, bajo y voz desemboca en una compleja explosión en la que brillan los sintetizadores de Green.


La poderosa y obligatoria balada llega con "Out Of Love", un tema intenso y dramático sobre corazones rotos, con ciertos arreglos orquestales tras el que "Billy" se convierte en una total experiencia de rock merced a complejos arreglos que llevan al climax partiendo de un simple riff acústico.

"Ptolemy" sirve una poderosa mezcla de blues y metal de cierto toque progresivo en pos de "Black-Hearted Woman", un trallazo del rock más enérgico de todo el álbum con el que Sykes y los suyos cierran de manera brillante "Blue Murder".

"Blue Murder" se perdió en el intrincado laberinto compuesto por los numerosos proyectos en solitario que emprendieron los grandes guitarristas de aquella época. Eso y la escasa difusión que por motivos obvios hizo Geffen del álbum, decapitó una de las mejores obras de su década. "Blue Murder" merece ese crédito y mucho más, cima compositiva e interpretativa de tres músicos llenos de talento.



No olvidéis pasar por LA BANDA QUE NUNCA EXISTIÓ para dejar vuestra lista de esa posible mejor banda de la historia del rock, en formato comentario o mediante MD a @BlueMonday1971.

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